Monseñor Cargnello ¿Un caso de chirlo correctivo?

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SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA.- El episodio denunciado con titulares catástrofe habría ocurrido hace cosa de unos dos meses en ocasión de una visita del prelado salteño al Convento de San Bernardo donde cumplen su vida contemplativa las hijas de Santa Teresa, y como fuera en tantísimas veces en que el purpurado lo hiciera, la cuestión era tratar de disuadir a las hermanas de su “malsana pasión por la Virgen del Cerro”, un tema que a la Curia local le quita el sueño desde el mismísimo día en que a María Santísima se le ocurrió aposentarse en la cima del cerro.

En realidad, el problema de monseñor Mario Antonio Cargnello, no es que la Virgen lo cubra con su santo manto sino que la devoción a esa Señora no paró de crecer desde el momento en que María Livia de Obeid dijo que la Madre del Señor había decidido hacerse presente en este Valle de Lágrimas, perdón de Lerma, y que ese crecimiento devocional venía acompañado un ingente crecimiento económico para la obra pía de la llamada Virgen del Cerro.

Es que puestas a comparar, la devoción a los Santos Patronos del Milagro que maneja la Curia es anual y concurren en calidad de feligreses mayoritariamente pardos y morenos, criollos y alguna clase media que sólo se reúnen una vez al año y depositan exiguas limosnas, mientras que la Virgen del Cerro nació de un ámbito ABC1, con poder adquisitivo como para peregrinar en aviones y micros semicama ¡Y se reúnen todas las semanas! Obviamente, esa facturación deja a los ingresos de la Curia más pobre que las treinta monedas de Caifás.

Ya supimos en una crónica anterior dar cuenta de una amenaza que Cargnello habría proferido a las santas mujeres hace como una veintena de años atrás amonestándolas por fomentar el culto a la Virgen del Cerro, ocasión en la que les habría dicho que estaban malditas, condenadas y que “se iban a ir al infierno”, según relatara a este escribiente la Madre Superiora que ya goza de la vista del Altísimo.

Este episodio que desemboca en una noticia que alerta a los simples no es ni nuevo ni el único. A lo largo de los años la tensión entre el economato de la Curia y las hermanas del Carmelo habría tenido tantos episodios como balances revelaban el crecimiento de la advocación de la Virgen del Cerro.

Así, sería que en el cenáculo íntimo que rodea a Cargnello, se habrían urdido todo tipo de estrategias para tratar de eliminar la supuesta presencia de María -y de María Livia a quien hasta intentaron hacerla tratar con un psiquiatra- que redundaría en un pingue negocio para vaya a saber quién, pues de hecho, la Virgen del Cerro se ubica entre la tercera y segunda fuente de ingresos de turistas a Salta, según dicen.

Como las monjas de San Bernardo se mostraran irreductibles en su fe, la exasperación de Cargnello en una última visita le habría hecho subir “la tanada a la zabiola” (sic) –dicho por un cercano al tonsurado- y habría agredido verbalmente a una monja. Según la especie que filtrara en ese momento un querubín anarco, no hubo agresión física sino palabras subidas de tono que terminaron en una denuncia de las monjas ante el Vaticano, que para entonces ya tenía una gruesa carpeta con recortes e informes de algunos “problemillas” que tocarían a miembros del Presbiterio y algunas perlas económicas y legales de la ahora llamada UCASAL S.A.

Intrigado el Vaticano por todos estos desaguisados eclesiásticos –muchos no conocidos aún por el gran público-, envió a investigar a monseñor Martín de Elizalde, quien a modo de Bernardo Gui (famoso dominico inquisidor del 1200), volvió a Salta a ver qué ocurría. Decimos volvió porque ya había estado antes para cercenar la cabeza del cura Agustín Rosa Torino y servirla en bandeja a la justicia secular.

En este escenario ya grotesco, el dicho Elizalde habría concurrido al Convento y formado causa común con Cargnello terminando con una reprimenda de grueso calibre a las monjas, de resultas que tanto el tonsurado salteño como el mitrado vaticano habría terminado denunciados por violencia verbal ante la Santa Sede por parte de las hermanas.

Fuentes inobjetables que comparten la mesa de la Curia comentaron que Carnello y Elizalde habrían decidido “terminar con esta fantochada de la supuesta Virgen del Cerro” por todos los medios. Otro ensotanado dijo “Si ya se cargaron al cura Rosa y a su congregación, piensan que pueden hacerlo también con estos de la Virgen”.

Así, se prohibió el canto de la misa en el cerro y más recientemente –hace unos días- una llamada a las oficinas de SAETA desde la Curia habría pedido que se prohíba a los empresarios poner a disposición de los fieles para subir y bajar del cerro unidades del servicio urbano.

En este punto cabe aclarar que esas unidades no eran puestas por SAETA sino por empresarios que trabajan con la empresa del Estado; así en la última semana no hubo colectivos para ayudar a subir a niños, desvalidos y ancianos. Como la Virgen obra milagros, en lugar de los colectivos aparecieron sendas camionetas que habrían recorrido entre subida y bajada hasta unos 200 kilómetros por unidad transportando peregrinos. Tampoco con esto pudieron detener el movimiento que impulsa la fe.

Ahora resulta que el arzobispo está encausado en la Justicia como reo de un acto de violencia de género cual “machirulo”, lo cual no da gracia sino que cubre de vergüenza al pueblo salteño que JAMÁS vio que un arzobispo se vea envuelto en un acto totalmente reñido con su investidura y con la misma razón de la fe que predica ya que fue el mismo Cristo el que enseñó que: “Al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas. Y a cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.” (Lc.6, 29-42).

Obviamente que Cargnello viola este principio evangélico pues si considera que los dineros que produce la Virgen del Cerro debieran ser suyos, olvida eso de que “al que tomare lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva”.

La grey católica de Salta acaba de ver a un prelado ir preso por abuso sexual, mucho sería ahora ver a su propio arzobispo ingresando a Tribunales para enfrentar un cargo de violencia de género. Estos episodios, lejos de alegrar a quienes no comulgan con Cargnello, deben entristecer el espíritu de la comunidad porque su pastor es el primero que está matando ovejas. ¡Qué queda para el lobo entonces!

Vemos con profunda tristeza que la Iglesia Católica en Salta se ha reducido a menos que un partido político ya que ni los peronistas en sus furiosas internas han llegado a estos extremos.

Hay una sola forma de proteger a la sociedad de la debacle espiritual y ésa es la oración. ¡Oremos por estas almas para que como bien señala el profeta Ezequiel “se aparten de su conducta perversa y para que vivan! (Ez.33:11).-

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