La columna de Ernesto Bisceglia: La presencia de los corruptos condiciona el diálogo político

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Siendo la transparencia en el manejo de la cosa pública el requisito liminar para el progreso de los pueblos, el segundo lo constituye el diálogo político. Ambos se fracturan cuando un gobierno cobija corruptos en su estructura porque ese gobernante no puede hablar libremente de democracia con la oposición. … que tampoco debe ser corrupta.

SALTA-POR ERNESTO BISCEGLIA.- Nos, pensamos que son tiempos donde es preciso entronizar el diálogo político como presupuesto básico para allanar acuerdos que permitan superar la coyuntura actual cuyo sino es la fractura del orden público y la ausencia de todo proyecto político sustentable. Nadie sabe para dónde quiere ir.

 

En realidad, pareciera que tampoco existe un interés en saberlo, no se advierte un horizonte político al mediano o corto plazo. Todo pareciera transcurrir en una espesa marea de acuerdos cada vez más espurios que van tornando la original transparencia de las aguas en una masa cada vez más espesa, oscura y pestilente. En esto han convertido a la política.

 

Una crisis de la envergadura de la que afecta al país, a las provincias y a los municipios, exige de un marco de consensos ineludible para tratar de recuperar el equilibrio social, económico y político. Sin este presupuesto –el diálogo- la brecha entre la casta dominante y el ciudadano se irá profundizando, tanto, que ya se advierte el peligro de los desbordes violentos.

 

Pero es imposible tentar ningún diálogo político cuando en los entresijos de las administraciones medran los corruptos y los incapaces que son una forma de la corrupción. Porque en algún punto el interés general colisionará (para utilizar un término en boga) con el interés del corrupto o grupo de ellos y en la relación de fuerzas perderá el ciudadano.

 

Porque NUNCA SE ROBA ALGO. Siempre SE LE ROBA A ALGUIEN.

 

Ministros o funcionarios capaces de asumir un diálogo político exigen de mentes capacitadas a tal fin y no de burócratas con CV oficial. Por otro lado, ningún diálogo puede haber con una oposición deprimida o presta al arreglo, o expuesta al deseo de un conchabo público, porque también perderá el ciudadano cuando el “opositor” termine arreglando su situación o colmando su apetencia.

 

No se encuentra en estos días un político que como el Dr. Raúl Alfonsín pueda pararse nada menos que el púlpito donde el ensotanado acababa de sugerir actos de corrupción para exigir que se denuncien. No se advierte el funcionario que pueda decir “En mi gobierno, todos tenemos las manos limpias”. Tampoco se encuentra una oposición que pueda hacer lo mismo. Más grave aún, no se encuentra una oposición.

 

Sin claridad política, sin honestidad de procedimientos y sin capacidad operativa, todo intento de república, de provincia o de municipio, será nada más que una utopía.

 

Ya lo decía Leandro Alem: ”Pero para hacer esta buena política se necesitan grandes móviles, se necesita buena fe, honradez, nobles ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo. Pero con patriotismo se puede salir con la frente altiva, con la estimación de los ciudadanos, con la conciencia pura, limpia y tranquila, pero también con los bolsillos livianos… (…)

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