DESDE LA CIUDAD DE QUEBEC : Francisco pidió evitar “la tentación de dividir el mundo en buenos y malos”

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El Papa sigue su gira por territorio canadiense y en la región francófona se encontró con el primer ministro y Mary Simon quien simboliza la jefatura del Estado. Luego, Francisco dio un discurso a las autoridades políticas, sociales e indígenas del país.

El papa Francisco se reunió este miércoles con el primer ministro canadiense Justin Trudeau y con la gobernadora general del país norteamericano, Mary Simon, en sus primeras actividades en Quebec, a donde llegó hoy para iniciar la segunda etapa de su visita de seis días.

El pontífice fue recibido en la Ciudadela de la ciudad del este canadiense por Simon, nativa Inuk y convertida en 2021 en la primera líder indígena en jurar como gobernadora general.

Tras una reunión de 15 minutos con Simon, Francisco se reunió durante unos 25 minutos con Trudeau, que el domingo había sido el encargado de recibirlo a su llegada a Canadá y con quien también coincidió el lunes en Maskwacis durante el pedido de perdón del papa a los indígenas por el rol de algunos cristianos en los internados desplegados en todo el país entre 1883 y 1996 sobre los que hay denuncias por abusos de todo tipo.

Francisco, destacó Trudeau en un comunicado, “reconoció los abusos experimentados en las escuelas residenciales que resultaron en la destrucción cultural, la pérdida de vidas y el trauma continuo vivido por los pueblos indígenas en todas las regiones de este país”.

Tras las reuniones, el papa dio un discurso a las autoridades políticas, sociales e indígenas del país.

El papa Francisco pidió  evitar “la tentación de dividir el mundo en buenos y malos” o “en amigos y enemigos”, criticó “la carrera armamentística”que se da “ante la locura sin sentido de la guerra” y planteó que “la política no puede quedar prisionera de los intereses partidistas” ni de lobbies para buscar el bien común. “¡Cuánta necesidad tenemos de escucharnos y dialogar, para alejarnos del individualismo imperante, de los juicios apresurados, de la agresividad desenfrenada, de la tentación de dividir el mundo en buenos y malos!”, planteó este miércoles el pontífice en Quebec al iniciar la segunda etapa de su visita de seis días a Canadá, en una referencia implícita a los conflictos armados de la actualidad. En el discurso que leyó ante autoridades políticas e indígenas del país, en lo que pareció una referencia implícita a la guerra en Ucrania, el Papa lamentó que “hoy, ante la locura sin sentido de la guerra, necesitamos de nuevo calmar los extremismos de la contraposición y curar las heridas del odio”.“No necesitamos dividir el mundo en amigos y enemigos, distanciarnos y armarnos hasta los dientes: no será la carrera armamentística ni las estrategias de disuasión las que traigan la paz y la seguridad”, convocó Francisco. Para el Papa, en esa dirección, “no hay que preguntarse cómo continuar las guerras, sino cómo detenerlas”. Frente al premier Justin Trudeau y representantes políticos y diplomáticos, el Papa pidió “impedir que los pueblos vuelvan a ser rehenes de las garras de espantosas guerras frías que se extienden”.

El Papa visita distintas regiones de Canad en este viaje Foto AFP

El Papa visita distintas regiones de Canadá en este viaje. Foto: AFP

“Se necesitan políticas creativas y con visión de futuro, que sepan romper los esquemas de los bandos para dar respuestas a los retos globales”, reclamó en su primer discurso en Quebec, a donde llegó hoy tras tres días en Edmonton. El Papa reclamó además que “la política no puede quedar prisionera de los intereses partidistas” para hacer frente a los “grandes retos actuales” del mundo globalizado.“Hay que saber mirar, como enseña la sabiduría indígena, a las siete generaciones futuras, no a la conveniencia inmediata, a los plazos electorales o al apoyo de los lobbies”, pidió en un discurso en el que también agradeció al Gobierno canadiense la “generosidad en acoger a numerosos inmigrantes ucranianos y afganos”. Francisco retomó además el hilo conductor de la primera etapa de su viaje, la denuncia del “mal” cometido en los internados que funcionaron en Canadá desde fines del siglo XIX hasta la década de 1990 en los que miles de niños nativos sufrieron abusos. “Aquella historia de dolor y de desprecios, originada por una mentalidad colonizadora, no se sana fácilmente. Al mismo tiempo, nos advierte que la colonización no se detiene, sino que en muchos lugares se transforma, se disfraza y se disimula”, afirmó.

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