De la Historia al revisionismo berreta: Manuel Belgrano de General de la Patria a homosexual

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Una acentuada tendencia a tijeretear la historia argentina y venderla por partes antes teñidas de contenido subjetivo, es una pérfida política aplicada desde hace un par de décadas. Una cosa es desmitificar la “Historia Oficial” y otra muy distinta ocultar episodios, travestir personajes y vender una “historia a la carta” a un público cada vez más ignorante que consume relato y cree en cualquier desatino que se le ponga delante.

SALTA – POR ERNESTO BISCEGLIA.- La proximidad de la fecha en que se conmemora el 222 Aniversario del paso a la inmortalidad del General Manuel Belgrano, nos impone alguna reflexión sobre este preclaro hombre que fuera el espíritu más lúcido del siglo XIX.

 

Polifacético, Belgrano, fue el primer educador y economista del Río de la Plata, el primero en dictar cátedra sobre el uso del suelo, en contemplar y advertir que la configuración pluvial del territorio hacía necesario formar navegantes, el primer periodista y también el primero en predicar la educación de la mujer, entre otras cosas.

 

Militar por imperio de las circunstancias, este abogado egresado de la Universidad de Salamanca y que había leído los libros prohibidos por la Iglesia Católica con permiso del propio Papa Pío V, “excepto aquellos donde se hable mal de la Santa y Augusta Religión Católica, etc, etc.”, Manuel Belgrano pudo quedarse cómodamente sentado en su sillón del Consulado dedicado a redactar cartas y leer libros ya que su cargo era vitalicio. Por su fortuna familiar, también podría haberse dedicado a la vida de “soirée” porteña ya que no necesitaba trabajar. Pudo ser el “play boy” de la Buenos Aires colonial alternando con las damas de la alta sociedad que verían atractivo a ese joven rubilingo, de tez muy blanca y ropa europea agasajado con caros perfumes importados. Pero decidió dejarlo todo por servir a la Causa de la Libertad y de la Patria.

 

En su “Autobiografía” (Documento que todo argentino debiera leer), Belgrano cuenta el rubor que le daba contemplar que la juventud no tenía formación militar “para cuando fuera necesaria” y así ocurrió cuando los ingleses llegaron al Plata en 1806/7. Para entonces el joven Manuel se había contratado un instructor en el manejo de armas. Su frase “Antes que vestir el uniforme militar es necesario serlo”, destaca el sentido necesario de que todo ciudadano se arme en defensa de su Nación, como dictará más tarde el Artículo 21 de la Constitución Nacional.

 

Así partirá al Paraguay en una campaña que le será adversa y culminará con juicios. Luego la comandancia del Ejército del Norte donde batirá al español en Río Piedras, Tucumán y Salta, poniendo un cerrojo definitivo a las aspiraciones godas de llegar al Fuerte de Buenos Aires.

 

A grandes rasgos, éste fue Manuel Belgrano, el que a la luz de las velas, en los campamentos leía a los clásicos y traducía del inglés a Washington, el que redactaba entre batallas el “Reglamento” para las escuelas que irían a construirse con su donación del premio que le diera el gobierno por sus triunfos en Salta y Tucumán.

 

Pero los infieles existen también en la historia y la utilizan para reducirla a folleto político, una tendencia acentuada en los últimos años donde hasta se generan movimientos que propugnan bajar a los hombres ilustres de sus pedestales según dicta su ideología contemporánea que nada tiene que ver con la realidad que vivieron aquellos hombres hace dos siglos atrás.

 

Cierto revisionismo cuyo espíritu se reveló en el Decreto 292/2011  donde la entonces presidente, Cristina Fernández “degradó” al General Manuel Belgrano expresando: “Declárase el año 2012 como el «Año de Homenaje al Doctor D. Manuel Belgrano”, cuando si bien abogado, fueron sus campañas y triunfos como militar las que lo perpetuaron en la historia.

 

Por ese camino de escarnecer la personalidad del Prócer, cierto “revisionismo” encontró cauce al amparo de la ignorancia generalizada de un pueblo que se avispa más con el chimento de folletín que consolidando conocimientos con un volumen de texto.

 

Así, tomándose de comentarios de la época sobre su modo de vestir siempre con una chaqueta “loro verde”, su voz tiple, aflautada y aquella pintura de Francois Casimir Carbonnier, que lo muestra en actitud serena, con sus piernas cruzadas y enfundado en un pantalón amarillo, en “una pose afeminada” según sus detractores hicieron transcurrir que Belgrano habría tenido tendencias homosexuales, un cargo de terrible demérito social para la época.

El retrato de Manuel Belgrano, patrimonio de Olavarría, se expone en la  Casa de Gobierno de Jujuy

El retrato de Francois Casimir Carbonnier-1817

Conocida es la historia que relata el General La Madrid de las burlas a las que Manuel Dorrego sometió a Belgrano cuando practicando órdenes de mando el creador de la Bandera con su voz poco grave desentonaba con el tono del Libertador y los demás oficiales, lo cual le valiera a Dorrego la expulsión de Santiago del Estero por parte de San Martín.

 

La constatación histórica, sin embargo, muestra a un Manuel Belgrano como un mujeriego de la época, con dos hijos nunca reconocidos a consecuencia de las formalidades católicas de la época –uno sería bastardo y otro adulterino- y el Prócer no quiso ese estigma para ellos.

Tras las huellas de Belgrano [ Cerrito ]

Manuel Belgrano y Encarnación Ezcurra

El mayor de esos vástagos, Pedro, hijo de Josefa María Ezcurra, cuñada de Juan Manuel de Rosas fue criado por el Restaurador como Pedro Rosas y Belgrano, y la otra, Mónica Manuela, hija de María Dolores Helguera, amor nacido en Tucumán, lo acompañó hasta el final de sus días. Esto sin olvidar que en Salamanca durante su tiempo de estudiante se disputaría el amor de una dama con Juan Pío de Tristán y Moscoso, a quien vencería años más tarde en el campo de batalla en Salta, en 1813.

Manuela Mónica Helguera, la hija tucumana de Manuel Belgrano

De modo que si bien la “Historia Oficial” debe revisarse porque tenía una pátina de lustre que deshumanizaba a los hombres y mujeres de la historia argentina, tampoco se trata de dar como verdaderas elucubraciones de mentes calenturientas que pretenden ver y decir la historia con ojos y mentalidad contemporáneas, y lo más grave, sin ningún sustento documental sino su simple y llana intencionalidad ideológica.

 

La historia es una ciencia y como tal reclama del método y la comprobación para dar un veredicto sobre la vida de los Padres de la Patria. Todo lo demás es difamación propia de ignorantes.-

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